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El Paradigma del Soldado PDF Imprimir E-mail
Masculinidades

Hace mas de cincuenta años que el movimiento de mujeres comenzó a construir los espacios y dispositivos necesarios para reivindicar y legitimar gran parte de sus derechos; lejos de celebrarlo muchos varones vemos en este acceso a los derechos humanos de las mujeres un nuevo motivo para profundizar las contradicciones en las que nos hemos visto sumergidos por la misma educación que recibimos, entendiendo este empoderamiento como una forma de rebelarse contra nosotros y no como una necesidad por mejorar sus condiciones educativas, sociales, jurídicas, sanitarias, económicas y culturales.  

Así las mujeres han comenzado ha responder un gran interrogante que el mismo patriarcado les había conculcado históricamente ¿Qué es ser una mujer? desnudando un conjunto acciones, usos, prácticas y costumbres que hasta entonces nadie se detenía a analizar y transformar. 

 Aquejados, molestos y preocupados por esta emancipación, los varones hemos perdido una mirada mas que importante frente a un conjunto de replanteos necesarios en la construcción de una sociedad justa y paritaria, olvidando que nosotros también somos merecedores de nuevas formas de vida que nos exima, como diría J C Volonovich de vivir sobres exigidos y carenciados. A la luz de estas empobrecedoras reglas de juego, pregunto: hoy para los varones ¿Qué es ser un hombre?   

Si uno tomara una hoja en blanco y a esta la dividiera en dos colocando a un lado todos los estereotipos masculinos y del otro los atributos y condiciones de lo que históricamente se entendió como un soldado o guerrero vería y no precisamente como fruto del azar que los estereotipos de género se corresponden casi a la perfección con los atributos o estereotipos mas representativos del soldado ¿casualidad? Sin lugar a dudas que no.  

Los soldados en todos los tiempos de la humanidad debían y deben ser racionales fríos, poco afectuosos, sometedores con sus víctimas, tener capacidad de mando, dominadores y capaces de urdir planes y estrategias de supervivencia, valientes exitosos y competitivos. De este modo las organizaciones militares se garantizan el éxito de la batalla y la protección de su urbe. Estos modos o formas de comportamiento conjuntamente con una repetición sistemática de la educación basada y sostenida en la diferencia a través de toda la historia, fueron delineando este paradigma de masculinidad. La idea de que todos los hombres somos soldados, refuerza el estereotipo al que aun en la actualidad los varones sentimos la obligación de adscribir, este paradigma de hombre y su correspondencia con este modelo de varón militarizado explicaría entonces nuestra mal llamada naturaleza, poniéndonos ante la situación forzosa de identificarnos con dicho modelo para gozar así del beneficio de ser considerados como hombres hechos y derechos

 

 

Un hombre debe ser soldado o guerrero y no importa su opinión individual. Aun en nuestra época millones de hombres están a merced de posibles llamados militares en caso de guerra, llamados que no podremos eludir bajo ninguna circunstancia, Pues en ese caso seremos considerados desertores y en innumerables situaciones encarcelados o bien condenados a muerte. En este sentido la palabra desertor conjuntamente con otras como traidor o cobarde no hacen mas que exponer la despiadada brutalidad con que el mismo sistema condena margina y discrimina a cualquier hombre que no se someta a tales imposiciones sociales y solo dentro de estas reglas impuestas por este paradigma de masculinidad es que los hombres podrán ser valorados y respetados como tales.

 

Cuando nuestros países están en guerra no importa si ideológicamente estamos de acuerdo o no con las causas de las mismas, tampoco los varónes tenemos la posibilidad de ser consultados sobre nuestra voluntad de participar en dicho enfrentamiento por el contrario el mismo sistema determina que enrolarnos como soldados a riesgo de volver muertos mutilados o con severos daños psicológicos a veces irreversibles son parte de los deberes de un hombre. El hombre en la guerra y la mujer en el hogar?

 

 Si las mujeres fueron educadas y reducidas al papel de esposas y madres sin importar su extracción social convalidadas exclusivamente en el mundo de lo privado del mismo modo los varones siempre fuimos educados como soldados sin importar nuestra clase social, nuestro credo o nuestra etnia,  

En todo caso se diferenciaron entre sí por, cuestiones económicas, profesiones, o instrucción militar. En estas condiciones los mas beneficiados adquirían ciertos grados de mando respecto de aquellos hombres de recursos o educación mas limitada los cuales estaban expuestos a formar parte de las primeras líneas de fuego, claro que a este sacrificio se lo denomino por ¨ la patria ¨ y ha quedado consignado en la historia ”oficial” como una muerte ¨ con honor ¨  

Ser hombre dentro de una cultura significa entonces crecer y desarrollamos bajo la tutela de estos empobrecedores estereotipos, los que no seamos consecuentes con estos mandatos seremos discriminados por el conjunto de los otros hombres que si son fidedignos a tales adscripciones por imposición del mismo patriarcado, estableciendo categorías y jerarquías de más a menos según sean los logros alcanzados y el grado de adecuación a tales estereotipos, cuantos mas logros hayamos obtenido mas y mejores hombres seremos. Para nosotros, estos estereotipos o asignaciones culturales masculinas (fortaleza, valentía, poder, sacrificio etc.) son vividos como pequeñas victorias o medallas a la masculinidad y nuestro honor y nuestro valor serán los que jerarquizaran y dignificaran nuestra identidad como varones y que por otra parte dicho sea de paso lejos de compartirlas con nuestras familias (mujeres, hijos e hijas) las luciremos preferentemente con nuestros congéneres. ¿Porque? Sencillamente porque son ellos los que por reproducir y hasta padecer nuestro mismo modelo obligatorio de masculinidad, sabrán apreciar nuestros logros y nuestras conquistas masculinas, por encima de nuestras esposas, amigas y compañeras. ¿Nadie mejor que un hombre para apreciar la valentía y la fuerza de otro hombre? No. 

En otras palabras la agresividad y el carácter violento de este modelo masculino son consecuencia directa, de la creencia que detrás de cada hombre debamos hallar forzosa y necesariamente a un hombre cercado por este paradigma del soldado dispuesto a pelear reproduciendo la brutalidad y el salvajismo que a través de la historia se nos ha asignado y forzado a reproducir

 

Silvia Vera Ocampo escribió: “Si a la mujer joven se le exigió el sacrificio de su libertad y de su intelecto en aras del rol domestico y de su maternidad exclusivista, al varón se le exigió el sacrificio de su integridad física y aun de su vida cada vez que su grupo, su señor o su país así lo requirieron”  

Tal vez des-armar esta masculinidad circunscripta a este absurdo paradigma sea acaso el primer gran paso en la construcción de una sociedad mas justa e igualitaria pero esencial y fundamentalmente una sociedad de varones y mujeres que vivan por y para la paz. 

Los y las que hemos trabajado con niños y niñas sabemos que el comportamiento de ambos través del juego es significativamente diferente entre unos y otras, mientras las niñas pelean poco cuando juegan y son mas bien conciliadoras en sus diálogos, los varones son mas agresivos, inician mas peleas y son propensos a establecer relaciones jerárquicas entre ellos ¿Puede este juego ser una consecuencia directa de un determinado orden biológico?

 

Numerosos trabajos demuestran que la construcción de la masculinidad así como la de la feminidad es consecuencia de un ordenamiento social donde varones y mujeres son educados/as e inducidos/as por una compleja maquinaria ideológica a comportarse de un modo diferente.

 

Si los juegos de varones son distintos a los de las niñas es sencillamente porque la forma en la estimulación durante la infancia es distinta, desde pequeños los varones son inducidos a competir antes que compartir y a través de juegos como policías y ladrones, soldaditos, armas de juguetes y hoy diferentes videojuegos violentos y de acción Irán construyendo una identidad congruente con lo que a posteriori será el mismo modelo de masculinidad

 

Si uno se detiene a repasar algunas frases utilizadas durante del proceso de aprendizaje y crecimiento de un niño recordara rápidamente que frases tales como: “compórtate como un hombre” , “ Esta hecho todo un hombre” , “pelea como hombre”, “ese si que es un hombre”, o preguntas como ¿Sos hombre o no sos hombre? Van cercenando y condicionando la libertad de elección del varón para que se vaya configurando su masculinidad de acuerdo a un modelo prefijado donde el desvió de tales comportamientos será severamente castigado.  

 

Cuando un niño muestra o experimenta acciones actos o actitudes calificadas por los adultos o adultas como rebeldes aparecen afirmaciones tales como ´´ este niño necesita disciplina ´´. Exponiendo de manera clara y directa como expresiones usadas usualmente en la instrucción militar para sancionar a dicho niño.  

¿Porque se utiliza la expresión disciplina y no educación? En este sentido educar a varón debe entenderse como disciplinarlo sometiéndolo a las reglas estrictas de este paradigma de masculinidad.  

Para ilustrar esto mas claramente me referiré a un ejemplo que hoy podemos encontrar en la Argentina. Se ha presentado un proyecto de ley promovido por el vicepresidente de la nación Sr. Julio Cobos “Ley de servicio cívico voluntario” en la cual con la intención de erradicar la pobreza infantil y para solucionar las presiones que exponen el tener chicos en situación de calle se promueve el acuartelamiento de estos chicos a través de instarlos a una educación en distintos oficios y artes donde conjuntamente se les brindara una educación militar. Este acuartelamiento de la infancia significa que donde debería crearse un proyecto educativo se implementa un sistema militar para disciplinarlos como hombres soldados. Pregunto ¿En los ejércitos hay psicopedagogos/as, docentes o lic.. en Cs. de la educación? ¿Por qué resulta tan complicado desprenderse de este paradigma de masculinidad?  

Lo curioso es que existiendo por ejemplo en la Argentina el servicio militar no obligatorio en el ciudadano y en la ciudadana se intenta instalar la idea de que la militarización de la masculinidad sea acaso una solución para erradicar la desobediencia y/o la rebeldía masculina.  

Desde esta perspectiva puede entenderse porque muchos países siguen considerando como imprescindible el servicio militar obligatorio. Obligando y coaccionando bajos estrictos términos legales a un varón a cumplir con un deber mas allá de su voluntad personal. ( Como dato estadístico sabemos que existen 87 países en el mundo con Servicio Militar Obligatorio)   

Según Sergio Sinay En uno de sus libros, La masculinidad toxica, revela que desde el año 2000 al 2005 en el mundo se libraron 90 guerras diferentes (incluyendo guerras civiles) estando integrados los diferentes ejércitos por un 95 % de hombres, existiendo cerca de 300.000 niños y adolescentes varones soldados.

 

 

En la Guerra de Malvinas (1982), Según datos oficiales hubo 265 bajas argentinas (solo datos de las islas, entre los que debemos contabilizar conscriptos) y una vez finalizada la guerra se estima (según ex combatientes) que cerca de 500 ex combatientes se suicidaron, dos tercios de ellos en los primeros sesenta días de finalizado el conflicto, se estima que fueron mas ( muchos hombres se suicidaron dos, tres y cuatro años después de terminada la guerra, pero no se pudo vincular su muerte directamente con el conflicto armado debido al tiempo transcurrido) Estos datos de las tasas de suicidio en los varones que asisten a un conflicto bélico se mantienen constantes en las diferentes guerras, se presume que entre los primeros seis meses de finalizada la guerra entre un 15% y un 20 % de varones se suicidaran como consecuencia de las enormes dificultades que implica reintegrarse a la vida social como si nada hubiera pasado. Estos mismos estudios aseguran que estas tasas se incrementaran durante los siguientes dos tres y cuatro años.  

Uno de los datos llamativos a destacar es que cuando nuestros países están guerra muchos varones aun con grandes disidencias con los gobiernos en cuestión toman la decisión de enrolarse voluntariamente como soldados sin interpelar las diferentes intenciones que dicha guerra esconde. ¿Porque? Una forma de interpetrarlo es debido a que la masculinidad guarda una estrecha relación vincular con la idea que todo varón debe ser un soldado.   

Hoy aun en la Argentina es frecuente escuchar a ciudadanos y ciudadanas que ante problemas que se plantean por hechos de inseguridad hacen mención con cierta añoranza a la última dictadura militar refiriéndose al orden y a la disciplina que se vivía en aquellos tiempos, sin interpelar el carácter genocida de dicho régimen.  

Esta asociación del orden y la disciplina vinculado en el imaginario social a la paz, vinculado como lo correcto, aun sin interpelar a las terribles consecuencias que se vivieron en esta o en cualquier otra dictadura, hace pensar que el carácter androcéntrico de esta ideología haya encontrado adeptos y adeptas entre los diferentes ciudadanos y ciudadanas debido tal vez al lenguaje a la formación y a la asociación en común que los varones en especial tenemos con esta militarización cuasi obligatoria de nuestra masculinidad  

Esta misma transposición se puede ver o pensar respecto a las diferentes actividades laborales que los varones realizamos. Así cuando realizamos nuestras actividades cotidianas es muy probable hablar de sacrificio en lugar de esfuerzo, de luchar en vez de crecer, ante situaciones que exigen un esfuerzo adicional decimos no hay que darse por vencido o cuando queremos sostener una convicción hablamos de morir con las botas puestas o de pie. 

 

¿Será por eso que a nuestra ropa de trabajo en las empresas donde trabajamos la llamamos uniforme?

 

 

Las diferentes organizaciones criminales, pandillas, maras, narcotraficantes, tratantes de personas o la misma mafia por ejemplo han optado como forma de organización por un escalafón repleto de jerarquías donde paradójicamente muchos de los nombres para los cargos ocupados por sus integrantes tienen los mismos rangos jerárquicos que las diferentes fuerzas armadas utilizan dentro de su organización léase: teniente sargento capitán o lugarteniente solo por nombrar algunas..   

Antes de finalizar quiero manifestarme respecto de una gran paradoja masculina, dice Irene Castillo “entre otras consecuencias el mandato empobrecedor del patriarcado condena a los varones a sentirse "desarmados" ante situaciones personales o familiares de extremo riesgo o de pérdidas de vidas, por ejemplo: hijas o hijos con adicciones graves, familiares desaparecidos, parientes víctimas de la inseguridad.  

Son las mujeres, en estos casos quienes se movilizan y agrupan para participar en la lucha por los problemas de su entorno privado, haciéndolo público y encabezando agrupaciones para la defensa de derechos que comenzaron siendo de sus familiares y rápidamente se difunden al resto de las personas con iguales problemáticas: madres contra el paco, madres de la plaza de mayo, madres del dolor etc.  

El patriarcado no legitima a los varones para que sean soldados de sus propias causas que defiendan la vida de sus hijos hijas o familiares y solo podran ser soldados cuando los que determinan las guerras lo hacen por ellos.   

Concluyendo: Un hombre puede dudar acerca de que camino elegir pero lo que no se le permite dudar es que dentro de una escala de jerarquías debidamente organizada ser hombre es un largo y duro camino que exige de enormes pruebas y largas demostraciones. Cumplidas tales metas se sobreviva o no se sobreviva, de estos hombres se podrá decir cualquier cosa se podrá dudar de sus principios, de su integridad, o de sus valores pero de lo que ellos minuciosamente deberan preocuparse es ni mas ni menos es en demostrar que han hechos todos los esfuerzos requeridos por el patriarcado para mostrarles a los demás varones que se han convertido en auténticos y verdaderos hombres. 

 

Lic Claudio Azia Psicologo

A cargo del Area Masculinidades